Te metes en la ducha, abres el grifo y el agua sale tibia. O peor: fría. Si tienes termo eléctrico, es una de esas averías que siempre aparece en el peor momento, con prisa y a primera hora.
Antes de pensar en cambiarlo o en llamar a alguien, conviene entender qué puede estar pasando. En esta guía no vamos a enseñarte a abrir el aparato (no es seguro ni recomendable). Te ayudaremos a identificar el síntoma, hacer las comprobaciones que sí son seguras, preparar la visita del técnico y decidir con cabeza si reparar o sustituir.
Respuesta rápida
Si tu termo eléctrico no calienta, las causas más habituales son: un problema de suministro eléctrico (un automático saltado), un termostato que no regula bien, una resistencia deteriorada, mucha cal acumulada o, simplemente, que el termo se ha quedado pequeño para el uso que le das. Las dos primeras pueden empezar a comprobarse sin tocar el aparato; las demás requieren un técnico.
Si además ves agua alrededor del termo, humedad en la pared o goteo, la prioridad cambia: ya no es solo una avería de calefacción, es una posible fuga. Más abajo te explicamos cómo actuar.
Primero, fíjate en qué tipo de fallo tienes
No todos los «no calienta» son iguales. Observar bien el síntoma ayuda mucho al técnico (y a que no te cobren de más por un diagnóstico a ciegas).
El agua sale fría siempre. Puede ser falta de alimentación eléctrica, una resistencia que ha dejado de funcionar o un termostato que no conecta.
El agua sale tibia, no caliente. Suele indicar que el termo calienta, pero poco: resistencia debilitada, termostato mal ajustado o cal que reduce el rendimiento.
Calienta, pero se acaba enseguida. Aquí el aparato quizá funcione, pero la capacidad no da para la familia, o hay sedimentos en el fondo que reducen el volumen útil de agua caliente.
Tarda muchísimo en calentar. Es un síntoma típico de resistencia con cal o de un aparato que ya está al final de su vida útil.
Funciona a ratos. Si unos días calienta y otros no, puede ser un fallo intermitente del termostato o de la conexión eléctrica. Es de los casos más molestos y los que más conviene que vea un profesional.
Causas más habituales
1. Un problema eléctrico en la vivienda
A veces el termo no está estropeado: simplemente no le llega corriente. Un magnetotérmico o un diferencial saltado, o un programador horario mal configurado, pueden dejarte sin agua caliente aunque el aparato esté bien.
2. Termostato que falla o está mal regulado
El termostato es el «cerebro» que decide cuándo calentar y cuándo parar. Si falla, el termo puede no encenderse, no llegar a la temperatura correcta o cortarse antes de tiempo.
3. Resistencia deteriorada
Es la pieza que calienta el agua. Con los años y por efecto de la cal, puede perder rendimiento o dejar de funcionar. Es una de las averías más frecuentes en termos con varios años.
4. Cal y sedimentos
En zonas con agua dura (hay muchas en España), la cal se acumula en la resistencia y en el fondo del depósito. El resultado: más tiempo para calentar, más consumo eléctrico y menos agua caliente disponible.
5. Ánodo de magnesio agotado
Protege el interior del depósito de la corrosión. Cuando se gasta y no se revisa, el depósito empieza a deteriorarse. No provoca por sí solo que «no caliente», pero es una señal de mantenimiento pendiente que influye en la vida útil del termo.
6. El termo se ha quedado pequeño
Si ha cambiado el uso (más personas en casa, un teletrabajo que alarga las duchas, un baño nuevo), el termo puede funcionar perfectamente y aun así parecer que «no calienta». Simplemente no da abasto.
Qué puedes comprobar sin riesgo
Aquí es importante ser prudentes. Estamos hablando de un aparato que combina electricidad y agua a presión, así que las comprobaciones se limitan a lo que se hace desde fuera.
- Mira el cuadro eléctrico. Comprueba si el automático o el diferencial asociado al termo ha saltado. Si lo rearmas y vuelve a saltar enseguida, no insistas: hay un problema que debe revisar un electricista o técnico.
- Revisa el programador o el horario, si tu instalación lo tiene (por ejemplo, para aprovechar tarifas más baratas).
- Comprueba la regulación de temperatura, solo si el termo tiene un selector accesible desde el exterior. No abras tapas ni toques conexiones.
- Prueba varios grifos. Si solo falla uno, el problema puede estar en el grifo o en el mezclador, no en el termo.
- Fíjate en el aparato. Busca humedad, manchas de óxido, restos de agua o ruidos extraños (golpeteos, burbujeos intensos).
- Anota todo. Desde cuándo falla, qué síntoma tienes y qué has comprobado. Eso ahorra tiempo en la visita.
Cuándo parar y llamar a un profesional
Deja de probar y avisa a un técnico cualificado si:
- El automático salta repetidamente.
- Notas olor a quemado o ves marcas de calor en el aparato o en el enchufe.
- Hay agua alrededor del termo o en la pared cercana.
- Ves óxido importante en el depósito o en las conexiones.
- Oyes ruidos fuertes o inusuales.
- Tienes dudas sobre la instalación eléctrica.
Si el origen es una pérdida de agua, no es solo una cuestión de agua caliente: puede causar daños en suelos, paredes o en la vivienda de abajo. En ese caso te puede interesar leer Fuga de agua en casa: qué hacer en los primeros minutos para actuar con orden y documentar el problema desde el principio.
¿Reparar o sustituir el termo?
Esta es la pregunta que de verdad cuesta dinero. No hay una regla universal, pero sí criterios que ayudan a decidir.
Suele compensar reparar cuando…
- El termo es relativamente reciente o está bien conservado.
- La avería es puntual y localizada (por ejemplo, el termostato).
- No hay corrosión ni fugas en el depósito.
- El coste de la reparación es claramente menor que el de uno nuevo y el técnico te explica qué garantía da.
Suele compensar sustituir cuando…
- Es antiguo. Como orientación general, muchos termos eléctricos rondan una vida útil de entre 8 y 12 años, aunque depende mucho de la calidad, la dureza del agua y el mantenimiento. Es una referencia, no una fecha de caducidad.
- Hay fugas o corrosión en el depósito. Un depósito que pierde agua, por lo general, no se arregla.
- Ya lo has reparado varias veces. Si encadenas averías, sigues pagando por un aparato que está al final de su vida.
- Se ha quedado pequeño para tu hogar.
- Gasta mucho y quieres un modelo más eficiente.
Un criterio práctico
Si la reparación cuesta una parte importante de lo que costaría un termo nuevo y el aparato ya tiene años, suele tener más sentido invertir en uno nuevo. Pero pide siempre el presupuesto por escrito y compara el total con el coste de sustitución, no solo la cifra de la reparación.
Qué preguntar al técnico (y qué debe incluir el presupuesto)
No se trata de desconfiar, sino de saber qué estás pagando. Estas preguntas ayudan mucho:
- ¿Cuál es la causa exacta de la avería y cómo la han comprobado?
- ¿Qué piezas se cambian y son nuevas o recuperadas?
- ¿Cuánto es mano de obra, desplazamiento y material?
- ¿Qué garantía tiene la reparación y qué cubre?
- ¿Qué otras averías podrían aparecer a corto plazo en un termo de esta edad?
- Si recomiendan sustituir: ¿qué capacidad conviene para mi vivienda y qué incluye la instalación (retirada del antiguo, conexiones, válvulas)?
Un presupuesto claro debería indicar alcance del trabajo, materiales, mano de obra, garantía y posibles exclusiones. Si solo ves un total sin detalle, pide que lo desglosen. Si estás dudando entre dos propuestas, no elijas solo por el precio más bajo: fíjate también en qué incluye cada una.
Cómo prolongar la vida de tu termo
Una vez resuelto el problema, algunas costumbres ayudan a que el siguiente no llegue tan pronto:
- Pide una revisión periódica a un profesional, sobre todo si vives en una zona de agua dura.
- Pregunta por el estado del ánodo de magnesio y la cal en cada revisión.
- No fuerces la temperatura al máximo si no la necesitas: más calor suele implicar más desgaste y más consumo.
- Presta atención a los pequeños síntomas (tarda más, hace ruidos, el agua dura menos). Casi siempre avisan antes de la avería definitiva.
Preguntas frecuentes
¿Por qué mi termo eléctrico no calienta pero tiene luz encendida? Que el indicador esté encendido solo indica que recibe corriente. Aun así, la resistencia o el termostato pueden estar fallando. Conviene que lo revise un técnico.
¿Cuánto dura un termo eléctrico? Depende del modelo, de la calidad del agua y del mantenimiento. Muchos duran en torno a una década, pero puede variar bastante. Si el tuyo supera esa edad y empieza a dar problemas, plantéate sustituirlo.
¿Es peligroso un termo que pierde agua? Puede serlo, porque combina agua y electricidad. Si ves goteo o humedad alrededor, desconéctalo desde el cuadro eléctrico si puedes hacerlo con seguridad, cierra la llave de paso del aparato y avisa a un profesional.
¿Puedo cambiar yo la resistencia? No lo recomendamos. Implica manipular conexiones eléctricas y un depósito con agua, y una mala instalación puede provocar fugas o riesgos eléctricos.
¿Cubre el seguro del hogar la avería de un termo? Depende de tu póliza. Muchas cubren daños por agua derivados de una fuga, pero no siempre la reparación o sustitución del propio aparato. Revisa las condiciones o consulta con tu aseguradora.
Para recordar
- Observa el síntoma: agua fría, tibia, que se acaba rápido o que falla a ratos.
- Descarta lo sencillo: el cuadro eléctrico y el programador.
- No abras el aparato ni manipules conexiones.
- Ante fugas, olor a quemado o saltos repetidos del automático, para y llama a un profesional.
- Para decidir entre reparar y sustituir, valora la edad, el estado del depósito, el historial de averías y el presupuesto detallado.
Si quieres ver el panorama completo, puedes consultar nuestra guía principal sobre problemas de aire acondicionado, caldera y termo: qué revisar y cuándo llamar.



